La Masia apartamentosEspañolCatalánEnglishItaliano
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Isla

.A pesar de tener solo 19 kilómetros de longitud máxima, desde el puerto hasta el faro de La Mola, definir a la isla de Formentera es más complicado que hurgar en el pasado etimológico del nombre, sobre el que existen varias explicaciones aceptadas por muchos pero ninguna aceptada por todos.

82 kilómetros cuadrados, 19 kilómetros de longitud máxima, media docena de hermosas playas, 2 faros y una sola “montaña”… quizá su belleza radique en su sencillez. La belleza de sus arenas finas y blancas, sus aguas cristalinas de inigualable transparencia, su vegetación típica mediterránea y su clima suave durante todo el año.

El punto de inicio del “viaje” inicia al zarpar con el barco del puerto de la isla de Ibiza, trayecto que hasta hace bien poco sólo trazaban embarcaciones ya míticas, como el manolito o la Joven Dolores, que “atravesaban” las 11 millas náuticas que separaran las pitiusas en días de verdaderos temporales. Dejando sus costas a la derecha, el trayecto avanza inexorablemente a través de las aguas hacia el destino soñado, una isla alejada del mundanal ruido y estrés que caracteriza a las ciudades, una isla de piratas, de hippies, una isla que inspiró a músicos como Pink Floyd, o fue escenario de novelas de Julio Verne…

Mientras vamos avanzando en un traycecto que duarará de 30 minutos a una hora, dependiendo del tipo de nave en la que viajemos, vamos dejando a nuestra derecha el castillo fortaleza de ibiza, playa d’En Bossa, Es Cavallet y las salinas de ibiza que nos hablan de un pasado en el que el comercio de la sal era de seguro la primera fuente de trabajo en las islas.

.A mitad de travesía nos encontramos con Los Freos “Es Freus”, antiguamente llamados “Las Puertas”, vía obligada de paso hacia el levante y sur peninsulaeres. El primer estrecho , entre la Punta de Ses Portes y el Illot Caragoler. Después un segundo estrecho entre l’Illot Caragoler y la Illa d’es Penjats (que como su nombre nos susurra, habla de ajustciamientos, ahorcados) y un tercera “puerta”, la situada entre el faro de l’illa dels Penjats y el illot Dels Porcs…

Pasados los Freos (Es Freus), nos encontramos a la misma banda del barco con el islote de Espalmador, con su torre de defensa en su punto más alto, (como más adelante las encontraremos en Formentera). Al sur de la playa de Espalmador, nos hallamos ante Es Pas, el estrecho paso que separa Espalmador con Formentera. Un lugar que el paso del tiempo y de las inclemencias del tiempo van esculpiendo, dando forma, como un alfarero a su vasija de barro en el torno de la naturaleza, de modo que la separación entre Espalmador y Formentera, está en continua evolución.

.La isla de Formentera empieza donde acaba Es Pas de Trocadors, con la fina lengua de arena y rocas apenas decorada con escasa vegetación hasta llegar a la Playa de Illetas (Ses Illetes). Desde el barco, minutos antes de llegar al puerto de La Savina podemos ver los pequeños islotes que dan nombre a esta playa, de seguro la más famosa para los turistas, y una de las más bellas de la isla en la que estamos a punto de desembarcar.

Llegamos al puerto de La Savina, desde aquí se adivina que el lugar que hemos llegado no es como lo que dejamos atrás. A pesar de la nueva estación marítima, algún hotel y el puerto deportivo, el ambiente es relajado, el desembarco, aunque ansiado se realiza de forma tranquila, respirando hondo, la primera bocanada de aire formenterense, de aire puro, que ya intuíamos en la travesía, pero al llegar, algo menos salino.

En La Savina se hallan las oficinas de Formentera Mar y Marina de Formentera, así como la cofradía de pescadores. El puerto de pescadores, junto al puerto nuevo deportivo nos habla de la vida de marinero, la vida de los hombres que se hechaban a la mar para sustentar a sus familias… y algunos lo siguen haciendo… Se pueden ver sobre el muelle, las artes de pesca, y algunos pesadores reparando sus redes para volver a echarlas al mar.

.Varios hoteles, algunos con vistas al lago menor de Formentera, el Estany d’es Peix, que tiene incluso una playa. Este lago está abierto al mar, y no pocos habitantes de la isla tienen allí fondeadas pequeñas embarcaciones. Sobretodo los típicos llaüts o pequeñas embarcaciones de pesca a motor diésel, que se deslizan lentamente por las costas de Formentera.

Saliendo de La Savina, la recta carretera, nos lleva en solo dos kilómetros hasta la “capital” de la isla, Sant Francesc Xavier (San Francisco Javier). El pueblo es anunciado por la única rotonda que hay en la isla, y se extiende a la izquierda de la carretera. En San Francisco, “San fransiscu” como dicen los lugareños, se halla situado el ayuntamiento, gobierno de la Isla; en la plaza de la iglesia fortaleza, (o tal vez se deba de decir al revés, que la iglesia se halla en la plaza del ayuntamiento). Al lado de la iglesia, se erigía el antiguo ayuntamiento, que pasó después a ser biblioteca y hoy perdura como sala de exposiciones.

 

Frente a la iglesia, se halla el consistorio, junto al mítico “Bar Centro”. Actualemtente, todos los sábados noche se realizan animados conciertos de jazz delante de la iglesia en los días estivales. En San Francisco también podemos disfrutar de un mercadillo de artesanía que todas las mañanas de días hábiles se anima con cantidad de puestos “hippies” y visitantes.

Continuando por el periplo por la isla, al salir de la “capital”, a la derecha, depuse de unos dos kilómetros de carretera, nos encontramos con el pueblo de San Fernando “Sant Ferran”, tranquilo y pequeño, con la animada Fonda Pepe, con su restaurante PyK (que todo el mundo conoce como el restaurante de la Fonda). Lugar mítico por la plaza de la iglesia, en la que los hippies y demás visitantes se unían en animadas fiestas paganas, al son de guitarras, tambores, “deegeeredoos”, acompañados de juegos malabares, y ocasionales conciertos y obras de teatro. En esta zona de la isla, (al igual que en La Mola), el tiempo parece haberse detenido, como en espera del regreso de los hippies… tal vez vuelvan…

A dos kilómetros de Sant Ferran, se halla la capital turística por excelencia de la isla, Lo que ante fue un pequeño pueblo costero al que los pescadores iban con sus artes, se ha convertido en el centro del turismo actual. Hoteles, bares, restaurantes, souvenirs, y un paseo marítimo en que por las noches se celebra un animado mercadillo a las orillas de la playa, hacen que el turista encuentre todo lo que necesita, después de una tórrida y relajante jornada en las playas de formentera. Es Pujols es también el centro de ocio en Formentera, se hallan en el varios pubs nocturnos, así como la única discoteca de la isla, el Xueño.

.Si siguiéramos por la carretera central (sin girar hacia Es Pujols) nos encontraríamos con un pequeño pueblo de pescadores llamado Es Caló de Sant Agustí. Con su pequeño puerto y sus casetas varadero (como las que se encuentran en la playa de Es Pujols) que los pescadores usan para guardar sus llaüts (pequeñas embarcaciones de pesca con motor diésel) y reparar sus artes de pesca. En este pequeño pueblo, hay algunos alojamientos, alquileres de vehículos, así como dos conocidos restaurantes donde degustar frutos del mar o una paella, el rte. Rafalet y el rte. Pascual.

A partir de Es Caló, comienza la lenta y serpenteante ascensión a La Mola, cuyo punto más alto Sa Talaia, se encuentra a 192 metros sobre el nivel del mar. Se halla, l principio de la subida, en el lado izquierdo de la carretera según la marcha, el conocido como Camí Romà (Camino Romano), o Camí de a Pujada (camino del a subida). Un sendero empedrado, con unas impresionantes vistas sobre el mar y la costa de Tramontana de Formentera, que fue restaurado hace poco y hace agradable su transcurso entre la vegetación y los acantilados.

.Después de más de dos kilómetros de subida contínua en una carretera sin apenas arcén y con curvas interminables, se llega al pueblo de El Pilar de La Mola. Auténtico reducto de Hippies no muco tiempo atrás, La Mola, todavía conserva ese halo mágico, las manecillas del reloj, aquí no giran a la misma velocidad. Los miércoles y los domingos por la tarde se monta un animado mercadillo hippie, donde comprar productos artesanos de la isla, así como asistir a pequeños conciertos de tambores y guitarras en el mismo mercado. Etas horas de “mercatino” (como dicen los italianos), son las únicas en las que el pueblo parece despertar de su letargo eterno en el que parece sumido, ese ritmo que le da una atmósfera “única”.

A solo dos kilómetros siguiendo por la misma carretera, nos encontramos con “el faro del fin del mundo”. Este es el lugar elegido por Julio Verne, para que en la novela Héctor Servadac, fuera el único lugar del mundo en poder ser avistado un cometa que impactaría con la tierra. Desde luego, la pureza del aire es indiscutible, y la visión del horizonte, hacia el infinito, fue escenario de no pocas fiestas hippies a lo largo de los años. Junto al faro, se ha erigido un monumento en memoria a Julio verne, el escritor que inmortalizó el lugar en su obra.

Visitar el lugar por la noche, y contemplar como los haces de luz del faro (que antes de la invención del GPS salvaron la vida de no pocos marinos) riegan el altiplano de La Mola, así como el mar, vale realmente la pena.

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